Esta es una creencia que puede ser perjudicial para muchas personas cuando influye en la decisión de si deben o no recibir tratamiento para el cáncer. Al creer que el tratamiento es peor que el cáncer, puede que las personas no reciban los tratamientos que les pueden salvar sus vidas.

La persona que está considerando rehusarse a recibir tratamiento contra el cáncer porque teme padecer efectos secundarios o debido a otras inquietudes debe hablar con el médico para entender claramente los resultados probables tanto de recibir el tratamiento como de no recibirlo antes de tomar la decisión.

Si se le permite al cáncer progresar sin tratamiento, los síntomas se empeoran y se acumulan nuevos síntomas con el paso del tiempo.

Los síntomas son distintos dependiendo del tipo de cáncer y a dónde se propaga. Posteriormente en el transcurso de la enfermedad, cuando síntomas más graves comienzan a surgir, puede que el tratamiento curativo no sea una opción.

El cáncer causa la muerte cuando invade a órganos vitales (como los intestinos, los pulmones, el cerebro, el hígado, y los riñones), e interfiere con las funciones del cuerpo que son necesarias para vivir. El cáncer que no es tratado por lo general causa la muerte.

En contraste, el tratamiento contra el cáncer a menudo salva vidas, especialmente cuando el cáncer se detecta y trata temprano. Incluso en los casos cuando no puede curar el cáncer, el tratamiento a menudo puede ayudar a las personas a vivir por más tiempo.

Además, la atención médica siempre puede ser usada para ayudar a la persona a sentirse mejor al controlar o reducir el dolor y otros síntomas (cuidado paliativo). Es importante que una persona conozca el objetivo de cada curso del tratamiento, y que tome decisiones basadas en información a través de toda la experiencia relacionada con el cáncer.

Hay momentos cuando toda persona que recibe tratamiento contra el cáncer pone en duda su compromiso con las dificultades que surgen con el tratamiento y sus efectos secundarios.

Algunas veces se desaniman debido a la incertidumbre del tratamiento y piensan si realmente vale la pena. Esto es normal. Puede que sea útil saber que los médicos siempre están aprendiendo mejores maneras de colaborar con los pacientes para controlar los efectos secundarios. Y recuerde que cada año surgen avances en los tratamientos contra el cáncer.